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La Residencia del Verano
Por LAUREN VILLAGRAN
Era una mañana lluviosa cuando ocho fotógrafos de la Residencia del Verano llegaron a su clase en la AAVI. La residencia estaba inciando, y ellos apenas estaban formando sus proyectos—el misticismo del metro; la lucha entre el orden del día y el caos de la noche; la “estética” de la felicidad, la familia, entre otros temas. Cada tema era único y propio, pero los fotógrafos tuvieron en común la necesidad de enfrentarse con la ciudad de una manera íntima y personal, sean del mismo D.F., las afueras, otro estado u otro país.
Comenzó la clase con el maestro José Antonio Rodríguez, crítico e historiador de la fotografía. El discurso del día se trataba del “ateo en la fotografía.” Siguió una discusión larga sobre el estigma de la verdad en la fotografía que después se convirtió en una plática sobre la novia de uno de los fotógrafos, y si fuera posible que la foto pequeña que él traía de su novia dentro de su cartera era ella, actualmente, o no. Es decir: el trabajo de los 40 días (y noches) estuvo pesado pero no se les olvidó reirse.
Algunos de ellos fueron transformando sus proyectos a través de los días, mientras los cuatro tutores—Rodríguez, Juan Antonio Molina, Yolanda Andrade, y Luis Felipe Ortega—fueron guiándolos, cada uno aportando su experiencia propia y perspectiva particular. Ortega quiso ayudarlos a “pervertir” su forma de pensar. “En este caso, pervertir esta idea, con la que muchas veces llegan, de querer hacer una fotografia impecable, intachable, como Avedon o Maplethorpe,” dijo Ortega. “Y a lo mejor no es el tipo de imagen que su proyecto requiere. Tal vez requiere que ellos ... aprendan a pervertir sus modos de trabajar para llegar a una imagen que puede ser imperfecta en muchos sentidos pero muy coherente en relación a lo que están buscando.”
Todo culminó en una exposición en la galería de la AAVI. Antes que montaran sus propios proyectos, algunos de los fotógrafos platicaron con Lit sobre sus fotos y lo que les ha significado esta estancia de residencia.
“Aquí, dentro de los vagones del metro, muestro un poco de ese misticismo que se vive a diario, jugando un poco con lo incógnito de las personas, las ventanas de los vagones y la luz. Cada persona y cada lugar lleva sus historias, y mis fotos tratan de hacer que uno se pregunte por el deterioro y también por todo aquello que no se puede ver.”
—Christian R. Arango, Ciudad de México
“Hace siete años mi novio Federico salió de Iztapalapa a los Estados Unidos a trabajar y mandar dinero a su casa para ayudar a su familia. Tenía la intención de regresar a México, pero siete años han pasado sin que él regrese. Como él no estuvo aquí conmigo, he encontrado la manera de compartir mi experiencia en la Ciudad de México a través de mis fotos. Mi proyecto ha sido una manera profunda para conocer a Federico más a través de su familia y crear un regalo tangible para él.”
—Michelle Gerster, San Francisco, California
“¿Por qué estoy haciendo esto? Porque es una forma de dar salida a mis necesidades de espacio ante el orden, lo correcto, la presión. El día es orden; la noche es caos.
La posibilidad de estar en una ciudad tan mágica, tan noble y caraja a la vez me ha permitido dar salida a esta parte de mi que normalmente existe contenida, encerrada, casi siempre en silencio. En la noche respondo a impulsos, en el día a la razón. En la noche no hay ataduras. La noche es un lugar de paso a quien no le intereso. La noche es muy generosa. La noche es mi espacio.”
—Carlos Licón Minjarrez, Hermosillo, Sonora
“Quiero buscar la otra cara de los objetos, su lado B, el lado oscuro. En palabras de Henri Barbusse: ‘La sombra no existe; lo que tu llamas sombra es la luz que no ves.’ Quiero destacar las sombras en la ciudad que habito, porque sé que estamos demasiado acostumbrados a vivir con ellas. No reparamos, al menos no de forma consciente, en su magia y su misterio, en su motilidad y compañía incesantes. En tiempos antiguos, las sombras se utilizaron para marcar el tiempo, para recordarnos que la vida fluye y nosotros con ella.”
—Diana Plascencia, Ciudad de México
“Existe un lugar dentro de cada ser humano en dónde llegamos a sentir el placer del compartir lo que nos hace felices. Nuestro entorno llega a ser parte fundamental de la definición de nuestra identidad y razón de pertenencia. Ante la sociedad, conservamos una peculiar actitud hacia miradas ajenas que conforman nuestros hábitos. En la rutina, a menudo estos momentos únicos resaltan de nuestra cotidianidad para convertirse en instantes volátiles. Construimos un escenario personal y personificamos nuestros sentimientos al exteriorizar lo interior: nos representamos. En la “estética de la felicidad,” hay días en que se corta para vivir y otros en que se vive para cortar.”
—Sausi Rhi, Ciudad de México
“Mi proyecto consiste en fotografías de casas y departamentos nuevos que estén en proceso de construcción o hayan sido construidos en los últimos seis o siete años en el D.F. o el Estado de México. Son lugares construidos con poca planeación en lugares poco adecuados. Si alguien compra una casa o departamento en estas zonas, ya no se puede ampliar, remodelar o pintar de otro color. La gente tiene que adaptarse a la casa, en lugar de poderla adaptar a sus necesidades. Este exagerado aumento de estas zonas no satisface las necesidades de vivienda de la cada vez mayor población citadina—sino que desde el momento que son pensadas y planeadas hasta que las construyen y las venden, son hogares de papel hechos para gente de papel.”
—Lucía Rodríguez Mota, Cuautitlán Izcalli, Estado de México
“Mi trabajo es una acción poética de acariciar el cuerpo urbano, resanar mi entorno social y construir nuevos escenarios. Se trata de una serie de intervenciones con mi cuerpo en el espacio urbano, específicamente en lugares en construcción o transformación. Es una respuesta ante lo absurdo de la conciencia humana, del salvajismo citadino, de las agresiones sufridas diariamente, de la monumentalidad de la arquitectura y las grandes obras de vialidad. Es un acto performativo que se contrapone al ritmo de la ciudad y que va a las fisuras, a los lugares emergidos, resignificados y transformados a partir de las necesidades de sus habitantes.”
—Mayte De La Torre, Ciudad de México
“Existe una imagen que realiza su aparición en los días comunes: un mar desbordante y tempestuoso que se manifiesta en los rincones y en las cosas. En mi proyecto, intento reconstruir la imagen del océano profundo e invasivo que me acompaña desde mi niñez. Encuentro y recreo los paisajes que aún laten y se manifiestan en mi memoria. Cualquier pretexto importa—un pasillo, un lavamanos o una esquina. La ola es inconclusa, el agua apenas se contiene y la espuma apenas se desborda. El agua es siempre descontextualizada de su origen y el fragmento es siempre referente.”
—Marcela Rico, Mazatlán, Sinaloa
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